El Niño: la prevención también empieza en casa
Cada vez que el país se prepara para enfrentar el fenómeno El Niño la conversación pública suele concentrarse en la respuesta ante emergencias e infraestructura. Sin embargo, existe una dimensión igualmente crítica que ocurre antes de que la emergencia se manifieste: la capacidad de las personas para entender los riesgos sobre su salud, reconocer las señales de alerta y actuar a tiempo en su vida cotidiana.
Las proyecciones del Comité Multisectorial Encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) para el periodo entre setiembre de 2026 y enero de 2027 anticipan una alta probabilidad de El Niño con mayores temperaturas y precipitaciones en la costa norte. La historia sanitaria nos muestra que estos cambios ambientales incrementan afecciones previsibles como el dengue, la leptospirosis, los cuadros diarreicos e infecciones respiratorias. No estamos ante eventos impredecibles; la relación entre clima y salud es ampliamente conocida.
La prevención no consiste solo en reunir datos climáticos o epidemiológicos, sino en convertirlos en información útil y accesible. Una alerta sanitaria es efectiva cuando explica cómo cuidar el agua en casa, reconocer síntomas iniciales y saber cuándo buscar atención médica. Sin orientación clara, las personas pueden confiar en rumores o restar importancia a señales de alarma. Identificar a tiempo complicaciones como el dengue grave o la deshidratación infantil permite actuar oportunamente, reducir riesgos y evitar que problemas tratables requieran atención de emergencia.
La preparación también implica facilitar canales accesibles de orientación. En situaciones donde las lluvias o inundaciones dificultan los desplazamientos, herramientas como la telesalud y la asistencia remota permiten a las familias realizar una primera evaluación informada, recibir recomendaciones claras sobre autocuidado responsable y saber cuándo es indispensable acudir a un centro de salud.
En este contexto, desde el sector privado también existe la responsabilidad de apoyar para que la prevención sea parte de la vida cotidiana. Tenemos el compromiso y el deber de contribuir al acceso a una atención de salud de calidad y, al mismo tiempo, facilitar información y orientación oportuna a la población sobre autocuidado.
Fortalecer la cultura preventiva frente al cambio climático exige un esfuerzo compartido entre autoridades, profesionales de la salud, medios de comunicación y la sociedad en general. La prevención no empieza cuando el paciente cruza la puerta de una sala de emergencias. Comienza mucho antes: en una recomendación oportuna, en una señal de alerta comprendida a tiempo y en la confianza de saber cuidar a la familia en el hogar.
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