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En Perú, donde el arroz y la pasta son esenciales, especialistas derriban mitos y te enseñan a disfrutar de ambos, sin culpas, y de forma balanceada.

De acuerdo con Linda Flores, nutricionista de Sanitas Consultorios Médicos, la respuesta no está en escoger uno y descartar el otro, sino en aprender a consumirlos de manera adecuada y equilibrada.

La importancia del tipo de carbohidrato

Flores explica que las versiones blancas de arroz y pasta ofrecen energía rápida, pero con poca fibra y micronutrientes. En cambio, sus alternativas integrales aportan mayor cantidad de fibra, vitaminas del grupo B y minerales como magnesio y fósforo. Estos nutrientes favorecen la saciedad, la digestión y ayudan a mantener niveles más estables de glucosa.

Diferencias en el índice glucémico

Un aspecto clave está en cómo impactan en la glucosa:

  • El arroz blanco suele elevar más rápido los niveles de azúcar en la sangre.
  • La pasta, en cambio, se digiere más lentamente y libera energía de manera progresiva.

Por este motivo, la especialista recomienda a las personas con diabetes o resistencia a la insulina optar por versiones integrales, moderar las porciones y acompañar siempre con proteínas, verduras o grasas saludables.

El verdadero riesgo: los excesos

Más que el alimento en sí, el problema surge cuando el plato está compuesto casi por completo de arroz o pasta. Esto desplaza a otros alimentos importantes como menestras, tubérculos, quinua o verduras, limitando la variedad de nutrientes que necesita el organismo.

La clave: rotar y balancear

Para Flores, lo ideal es variar a lo largo de la semana: incluir arroz, pasta y también otros carbohidratos locales como camote, papa, yuca, kiwicha o cañihua. De esta forma, la alimentación se vuelve más diversa y completa.

En definitiva, tanto el arroz como la pasta pueden formar parte de una dieta saludable, siempre que se consuman en las cantidades adecuadas, en sus versiones más nutritivas y combinados con alimentos frescos que aporten equilibrio al plato.